

![]() Mencionada en las crónicas como una de las ciudades con más solera de Castilla, Arévalo (a 51 km. al norte de Ávila), que hoy rezuma historia por sus cuatro costados, se convirtió en la capital y cabecera de la comarca de las tierras de La Moraña y en foco del arte mudéjar abulense. Ese estilo, el mudéjar, convive con el románico en edificios como el Castillo (siglo XIV), situado en la carretera a Zamora; el Arco de Alcocer y las iglesias de San Juan, San Martín, Santo Domingo -de ábside bizantino-, San Miguel -edificada sobre una antigua mezquita- y Santa María la Mayor, ésta con pinturas castellanas de la escuela flamenca.
En su casco antiguo, declarado conjunto histórico artístico, destacan además las Mansiones de los Sexmos, los Sedeño y los Cárdenas; los Puentes Medievales de Valladolid, Medina y los Barros, y la Plaza de la Villa, porticada en época de Isabel II. Aunque todos los pueblos de los alrededores poseen iglesias de estilo mudéjar, la de mayor importancia es la de La Lugareja -en Gómez Román, a 2 km. de Arévalo-, que tiene su origen en un convento templario del siglo XII y es monumento nacional. A 29 kilómetros de Arévalo se alza Madrigal de las Altas Torres, cuyo nombre le viene de las 82 torres que llegó a tener en la Edad Media, si bien la mayoría ya son sólo recuerdo. De su pasado esplendor, a esta tranquila ciudad le quedan contados restos, como la iglesia de San Nicolás -donde fue ajusticiado el Pastelero de Madrigal, que se hizo pasar por el rey don Sebastián de Portugal-, la de Santa María del Castillo y el hospital. Su monumento más sobresaliente, al menos desde el punto de vista histórico, es el que fue palacio Real y cuna de la reina Isabel la Católica, actualmente convento de clausura de las agustinas. |