
Encastillada sobre un alto cerro granítico, con el Tajo como profundo foso, la
Ciudad de Toledo (70.000 habitantes) esconde dentro de sus murallas innumerables monumentos que son testimonio de su próspero e intenso pasado: villa fortificada ya en tiempos de los romanos, capital del reino visigodo, reino de Taifas, ciudad imperial con Alfonso VII, foco de saber con Alfonso X, urbe la más floreciente de España durante los siglos XIV y XV, residencia habitual de Carlos I, sede primada de España... Cada piedra es una página de su deslumbrante historia, y su riqueza artística es fruto, en gran medida, de la fusión de las culturas cristiana, árabe y judía que aquí se realizó en la Edad Media mejor que en ninguna otra parte.
Aunque los encantos monumentales de la capital son arrebatadores, la provincia de Toledo tiene otros muchos atractivos dignos de atención repartidos por todos sus rincones: al oeste,
Talavera de la Reina y
Oropesa, núcleos destacados de una comarca famosa por sus artesanías; al sur, los
Montes de Toledo, los de más rica fauna de España; al sureste, las
Tierras del Azafrán, paisajes manchegos que se adornan con blancos molinos de viento y con un manto otoñal de flores púrpuras; y al este, por último, la villa de
Ocaña, tan histórica, tan sonada y tan poco conocida.