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barranco de las cinco villas

Mombeltrán, San Esteban de Valle, Santa Cruz del Valle, Villarejo del Valle y Cuevas del Valle son las cinco poblaciones que salpican y dan título a este barranco situado en la vertiente meridional de la sierra de Gredos, al pie del puerto del Pico y a una altitud media de tan sólo 700 metros; un valle soleado y feraz que forma parte de esa avanzadilla de la provincia abulense en la meseta sur conocida como el Ávila andaluza.

Mombeltrán (a 71 kilómetros de Ávila por la N-502), la más populosa y monumental de las cinco, tomó su nombre del privado de Enrique IV don Beltrán de la Cueva, que la recibió en recompensa por los muchos favores que le había hecho a su rey (y también a su reina) y la embelleció construyendo un bonito castillo junto a la villa, en la parte más baja del valle. No es muy defendible, la verdad, pero ¡qué vistas! Allá arriba, se ve la mole piramidal del pico Torozo (2.026 metros) y, a poniente de ésta, la hendidura del puerto del Pico (1.352 metros). A media altura, las otras cuatro villas. Y en derredor, mil olivos, higueras, castaños, chopos, vides..., cultivos todos que justifican lo ya dicho sobre el Ávila andaluza.

Después de Mombeltrán, destaca en el capítulo monumental San Esteban del Valle, con su masiva iglesia del siglo XV y su colosal picota. Al sur de San Esteban, cae Santa Cruz del Valle, cuyas paredes blancas exhiben grandes copias murales de la Gioconda, el Guernica y otras obras que ganan mucho con el alto decorado de Gredos como telón de fondo. Y más arriba, hacia el puerto del Pico, quedan Villarejo del Valle y Cuevas del Valle, aldea esta última que es, con sus balconcitos y sus soportales de madera, la más cuca del barranco de las Cinco Villas. Además, Cuevas es buen punto de partida para seguir a pie un tramo de cuatro kilómetros de la Calzada Romana que se construyó a finales del siglo II a. C. para facilitar el transporte de tropas y hierro entre ambas vertientes de la sierra, a través del puerto del Pico. Aunque muy restaurada, mantiene su trazado original y su empedrado, duro como su pendiente media del 15 por ciento.

Comenzaremos el paseo frente al cementerio del pueblo -Pax, reza un letrero en la ciclópea portalada, que parece enteramente obra de romanos-. Y lo haremos enfilando por un trecho empinadísimo de la calzada, que enseguida se allana, desaparece bajo el cemento de la calle llamada Calzada Romana y, tras cruzar el arroyo del Puerto -o río Cuevas-, vuelve a surgir para no perderse ya ni aposta en lo que resta de subida. Deberemos atravesar un par de veces la carretera N-502, que asciende trazando infinitos zigzags, y luego nuevamente el arroyo -agua saltarina, recién nacida de las nieves del Torozo-, antes de coronar, como a dos horas del inicio, el puerto del Pico, donde se anuncia el mirador de las Cinco Villas, aunque lo cierto es que toda la calzada es una balconada.

Pese a que vacas y ovejas siguen usando esta anciana vía en sus vaivenes estacionales -la calzada forma parte de la Cañada Real Leonesa Occidental-, son la cabras monteses el gran reclamo para los amantes de la naturaleza. Por cientos se cuentan las que cruzan en un sólo día la calzada buscando los jugosos pastos del puerto y del valle. En 1905, sólo quedaba media docena en todo Gredos. Un siglo después, la población ronda los 7.000 ejemplares. Los furtivos, contratados como guardas, y la caza controlada han sido sus paradójicos socorros. Hoy se pagan cerca de 1.800 euros por abatir un cabrón. Evidentemente, la única dificultad de esta práctica estriba en el precio, pues incluso los potentes machos, de 120 kilos y con cuernos de un metro, los mismos que alivian sus celos a horrísonos testarazos, se quedan mirando mansamente para el hombre a tan corta distancia que igual de letal que una bala sería un sartenazo.

En un recorrido más amplio por estas estribaciones sureñas de Gredos, no deben dejar de visitarse Arenas de San Pedro y su castillo de la Triste Condesa, el cercano Monasterio Franciscano de San Pedro de Alcántara y los hermosos caseríos serranos de Guisando y Candeleda.
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